Kurt Knispel: El As de Tanques Olvidado
Kurt Knispel es una de las figuras más fascinantes y, paradójicamente, menos reconocidas de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ser el carrista con más victorias confirmadas de la historia, la maquinaria de propaganda alemana lo marginó en favor de figuras más afines a los ideales del partido, como Michael Wittmann.
Primeros años y bautismo de fuego

Nacido el 20 de septiembre de 1921 en Salisfeld (Sudetes, Checoslovaquia), Knispel trabajó en una fábrica de automóviles hasta 1940, año en el que se presentó voluntario para alistarse en las tropas blindadas de la Wehrmacht.
Su primer destino fue el 29º Regimiento Panzer de la 12ª División Panzer. Fue con esta unidad con la que participó en la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941 (Operación Barbarroja). A bordo de un Panzer IV (armado con el cañón corto de 75 mm L/24), Knispel anotó su primera victoria confirmada el 25 de agosto de 1941, destruyendo un tanque T-34 soviético a 800 metros de distancia.
El s.Pz.Abt. 503 y la Batalla de Kursk

Tras 18 meses de duro combate en el Frente Oriental y un periodo de formación en los nuevos tanques pesados, Knispel fue asignado a la 1ª Compañía del recién formado Schwere Panzerabteilung 503 (503º Batallón de Panzers Pesados).
Su primera gran acción a bordo del temible Tiger I tuvo lugar durante la Operación Ciudadela (Batalla de Kursk) en el verano de 1943, donde el batallón operó junto a la 7ª División Panzer. Durante esta ofensiva, Knispel demostró una puntería casi sobrenatural: se le acreditó la destrucción de un T-34 en movimiento a una distancia superior a los 2.000 metros. Sus compañeros de tripulación afirmaron en varias ocasiones verle destruir tanques enemigos a increíbles distancias de hasta 3.000 metros.
Tan solo durante la Operación Ciudadela, su cuenta personal de victorias ascendió a 27 tanques destruidos. Esto lo consagra como, posiblemente, uno de los mejores artilleros de tanques de la era moderna.
El Récord y la Falta de Reconocimiento
Knispel finalizó la guerra ostentando el récord absoluto: 168 victorias confirmadas (aunque estimaciones no confirmadas elevan la cifra hasta 195). A pesar de haber comenzado su carrera militar como cargador, su talento natural le hizo pasar a artillero y, finalmente, a comandante de su propio tanque (Tiger I y Tiger II), todo ello sin superar nunca el rango de suboficial (Feldwebel).
Sin embargo, a pesar de ser el carrista más mortífero de la historia, nunca recibió la prestigiosa Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, siendo recomendado para ella en hasta cuatro ocasiones.
¿Por qué fue ignorado por el Alto Mando?

La respuesta reside en su personalidad y en la propaganda de la época:
La Propaganda: La maquinaria nazi prefería ensalzar a figuras como Michael Wittmann (Waffen-SS). Wittmann representaba el estereotipo clásico del partido: un joven voluntario del RAD que ascendió por méritos hasta la élite de la Leibstandarte, encarnando los «ideales» de las juventudes de la época. Knispel, por el contrario, era un soldado de la Wehrmacht regular al que no le interesaba la política. Ha día de hoy, desgraciadamente en el museo Technik-museum Shinshein hay una vitrina con un maniqui de un uniforme de tanquista de la época, existe una reseña historica a pie de maniqui de Michael Wittmann. Presenté una sugerencia por escrito al museo, de porque en vez de Michael Wittmann, no ponían a Kurt Knispel… despues de varios años, aún no recibí ninguna contestación.
Su Apariencia: Era conocido por su aspecto inconformista. Mantenía el pelo más largo de lo reglamentario, solía llevar perilla y a menudo vestía uniformes desgastados, lo que le valió fama de insubordinado frente a sus superiores.
El Incidente del Tren: Existe un hecho muy particular, relatado en el libro Panzer Aces, que probablemente sentenció su carrera a los ojos del régimen nazi.
El Incidente con las SS

Durante un traslado del batallón por ferrocarril hacia otro sector, el tren se detuvo en una estación. Knispel y sus compañeros viajaban sentados sobre las escotillas abiertas de sus tanques, cargados en los vagones planos. Desde allí, Knispel observó cómo un guardia armado de las SS golpeaba brutalmente con su fusil a un prisionero esquelético (vestido con traje a rayas) que caminaba por la calle, exigiéndole que fuera más rápido.
Incapaz de soportar la escena, Knispel saltó del vagón, corrió hacia el guardia de las SS, le arrebató el fusil y le golpeó con él, ayudando al prisionero a ponerse en pie. Mientras golpeaba de nuevo al guardia, le gritó: «¡Perro, por qué no le muestras tú cómo es andar rápido!».
Knispel volvió tranquilamente al tren, ignorando las advertencias de sus camaradas sobre las graves consecuencias de lo que acababa de hacer. En la siguiente estación, tropas de las SS detuvieron el tren con la intención de arrestarlo. Sin embargo, fue salvado in extremis por el comandante de su compañía, quien se interpuso alegando que si se llevaban a Knispel, la tripulación de su valioso tanque quedaría incompleta, añadiendo con ironía que si el oficial de las SS que pretendía arrestarlo estaba dispuesto a ocupar el puesto de Knispel en el Tiger, no habría ningún problema. El arresto no se produjo, pero esta disidencia abierta le costó el favor del Alto Mando.
Muerte y Hallazgo

El tanque de Kurt Knispel fue destruido el 28 de abril de 1945, apenas unos días antes de la rendición alemana. Falleció a causa de heridas de metralla en la cabeza en un hospital de campaña en Vlasatice (Checoslovaquia).
Apenas unos días antes de finalizar oficialmente la guerra, el 28 de abril de 1945, el batallón se encontraba acorralado por el masivo avance soviético cerca del pueblo de Wostitz (actual Vlasatice, República Checa). Las tropas alemanas se retiraban en una situación crítica.
Fiel a su inquebrantable camaradería, Knispel y su tripulación a bordo del Tiger II tomaron la heroica decisión de quedarse en la retaguardia. Su objetivo era enfrentarse al enemigo en solitario para cubrir la retirada de las demás unidades, dándoles el tiempo vital necesario para escapar del cerco.
Durante este intenso y último combate defensivo, su tanque fue alcanzado de lleno por el fuego enemigo. Knispel, que siempre prefería combatir asomado en la escotilla del comandante para no perder la visión de su entorno y proteger mejor a los suyos, recibió heridas mortales en la cabeza a causa de la metralla. A pesar del infierno de explosiones, sus propios camaradas —demostrando la misma lealtad que él siempre les había brindado— se negaron en rotundo a abandonarlo. Lograron extraerlo del blindado bajo fuego cruzado y lo evacuaron a un hospital de campaña en Urbau (Vrbovec). Lamentablemente falleció dos horas después, entregando su vida para que otros pudieran volver a casa.
Durante décadas, se creyó que su cuerpo nunca había sido recuperado y su tumba exacta fue un misterio. No obstante, en el año 2013, historiadores y arqueólogos checos descubrieron sus restos enterrados junto al muro de una iglesia en Vrbovec, identificándolo gracias a su chapa de identificación. El 12 de noviembre de 2014, el mejor as de tanques de la historia fue reenterrado finalmente con honores en el cementerio militar de Brno.